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desde que la vida se mueve todo al rededor se conforma de sonrisas, cubos e insectos; las gotas feroces de la lluvia al caer, lo imaginario de las aves y el color de las cosas que más allá de nuestra mente palidecen.
comunicarse a través del silencio se vuelve entonces ensordecedor y creo que poco a poco voy respetando más las cosas que no soy; voy diciendo hola cuando realmente necesito decir adiós y dudo de los cÃrculos, porque siempre han sido mi mejor opción, más allá de su redundancia al pronunciar nuestros cuerpos diciendo nada.
necesito adquirir concentración.
hjuo
ascensores
el frÃo representa al color cuando el frÃo invierno se apodera de todo y los pálidos dÃas de esos dÃas escapan uno tras otro al ritmo azulado del mar.
algunos cañones de fuego disparan al mando de fuego en las noches y aquellos que no disparan ocultan para siempre las partes reales de una verdad; y la gente se esconde en los ascensores simulando ir a la nada, pero no van, suben y bajan fingiendo la calma que también se apodera de todo, de las luces, del tiempo, de mÃ.
Se pueden encontrar muchos sabores dulces dentro de la negación, es como no acariciar el cuerpo de la persona que amas mientras la amas. Es gritar con todo el aire de tus pulmones y después, muy despacio, en silencio: sonreÃrle con complicidad a la nada desde un muelle solitario en el caribe, recorriendo con la cabeza y la mirada muy lentamente todo delante de ti. Esperando algo, con la sonrisa cada vez más cómplice y a punto de estallar dentro de tu boca.
El mar siempre tuvo esa capacidad de regenerarse y querer explicar tantas cosas a la vez, que termina con la boca colmada de espuma cual perro rabioso y permanece constantemente borrándose frente a nuestra presencia humana, de carnes, huesos y demás. Un muelle en el mar también podrÃa hacernos desaparecer, y el mar al muelle ó la muerte a todos, o los aviones al llevar nuestros cuerpos, o las personas que nos conocen cuando dejan la consciencia de lado para dormir.
Se nos borrarán los rostros sin vergüenza, no nos reconoceremos la cara mientras las cosas que tengamos que decir sólo se puedan expresar con la piel, ni siquiera con dibujos, ni pinturas, y mucho menos con análisis complejos de estos.
El muelle detenido, como queriendo decir algo.
Algunas horas más tarde todo se oscurece y el mar en su amplitud no deja de dar vueltas, de ir y de venir consecuente; mi cuerpo ahora tumbado sobre el muelle respira muy profundo. Sé que el caribe, las estrellas, la luna, el sol y los planetas, el mar, el muelle sobre el que estoy, mi vida, los recuerdos, los perros rabiosos del mundo, el amor, mi cuerpo, la piel, los sabores dulces y salados, la negación, las caricias en silencio, mis pulmones, tus pulmones, las sonrisas cómplices de los locos a la nada, los aviones que nos hacen desaparecer de lugares al llevar nuestros cuerpos, o las personas que nos conocen y dejan de lado la consciencia para dormir; todos podrÃan caer sobre mà en cualquier momento.
Yo sólo reiré, llevaré mi cuerpo de un costado al otro y luego pensaré en lo que opino de todos ellos.
hjuo

cómo iniciar una conversación igual a todas las demás, con todos sus silencios y pausas a tiempo, sin decir nuevamente las mismas estupideces de alguna conversación anterior. mis ojos buscan ante ti escapar y eso no es parte de mÃ; mi mirada parpadea al ritmo del desencuentro ocular del que somos parte; muevo mi cuerpo de forma extraña e intento modificar determinados patrones en mi comportamiento de manera apresurada, tratando de que nadie lo note. puede ser que el problema con haber dicho esas mismas estupideces de alguna conversación anterior haya sido no decirlas, a veces no encuentro palabras o las busco obviar y actúo creyendo que es claro lo que hubiese podido decir de haber hablado. al final siempre quedo aquà y soy, hoy, producto de lo que fui y eso conlleva en si el peso de las palabras que no he dicho, mis actos desmesurados, y el temor a no manejar mis decisiones de mantenerme en pie cuando hay dificultad. alejo mi cuerpo de mà mientras me alejo yo mismo de todo, y va quedando de mà por ahà el recuerdo, o gotas que se me desprenden del alma en forma cÃclica. siento que me evaporo en distintas velocidades y el punto exacto de mi orientación pierde argumentos cuando me intento ubicar y explicarme la presencia; mis ojos no sirven de mucho en situaciones asà y los pocos objetos que considero confiables en casa estallan ante mi mirada ausente, evaporada como mis húmedos ojos que otrora dependieron de lÃquidos para brillar: entonces el azul pierde total importancia y deja de ser azul.
para siempre.
hjuo
"tendré los ojos muy lejos,
un cigarrillo en la boca... "

El arrancó algo de sus brazos y se leyó a si mismo lo que habÃa escrito en la blanca y sucia pared treinta y siete minutos atrás.
en mÃ: sensación absoluta de pleonasmo; el pasillo vacÃo y toda la sangre derramada que pudo alguna vez estar sobre él mientras yo no caminaba, litigioso entre el conmigo y el sin mÃ. después de mis acciones algunas personas implican o denotan duda, son como el facilismo y la complejidad de la palabra cosas, porque a veces suena como el golpe de un auto en la oscuridad dentro de tanta confusión.
las cosas son simples: pudimos haber volado por la ventana, expectorados sobre el pavimento y contra él y nuestra piel no hubiese provocado chispas al chocar, pero eso ya no lo podremos saber, al menos mis dedos siguen en mÃ. viéndolo desde un ángulo humanista en su totalidad, interpretado por un ignorante que al final no sabe qué hacer, pero lo hace.
tal vez estamos aquà por si los autos no nos matan, por si llega a ser conveniente respetar las cosas que decimos sentir, sino nada tiene sentido y la fragilidad de las palabras que se nos escapan de la boca se asemejan a nuestro cuerpo de piel.
un domingo descubrà qué cosas podrÃa yo hacer si los autos no nos matan.
si los autos no nos matan seguiremos aquÃ, hablando de los autos que no nos matan, de nuestra carne, de nuestras ideas, de nuestras drogas, de nuestras inquietudes y cobardÃas, de nuestra fe, de nuestra forma de alimentarnos, de nuestras ganas de vomitar, de las cosas que leemos, de las que no decimos, de nuestras sonrisas sin explicación, de nuestros aplausos.
hay un lÃmite débilmente delimitado entre lo que está bien, lo que está mal y lo que no está; en el hotel carla no hay agua: hay murciélagos; al menos desde el balcón se podÃa ver un perro ladrando a la luna. en absoluto silencio.
amo las cosas que suenan, como los cuerpos, porque me hacen imaginar cosas.
hjuo
"pero quedo yo, en medio de mÃ.
y en medio del alma y más paredes sonriendo a los amigos,
yendo allá desayunando,
pero quedo yo aquà aplaudiendo una vez más
a los fantasmas de las tres."
sobre mis pies
estuve todo el dÃa sobre mis pies, utilizándolos como si fueran mi cabeza, los dos a la vez mientras caminaban y recorrÃan mis caminos a andar, en lugar del resto de mi cuerpo entero; al llegar a alguna esquina pude haber cambiado de posición, pero preferà no hacerlo en ese momento; cuando el cielo decide oscurecer su azul mi piel tiembla con sencillez, imitando el otoño que empalidece las situaciones, y sin motivos le roba sonrisas a mi rostro.
estuve todo el dÃa sobre mis pies, intentando morderme la lengua para no entender mi idioma, para no mirar más adentro de mà mismo sin convicción a ese vacÃo eterno que nos llena la vida de nada y nos recuerda constantemente los miles de pedazos que nos componen y descomponen a cada absoluto momento, tomando en cuenta lo humano de la palabra absoluto y los potenciales errores que eso conlleva.
algunas ocasiones de la vida te borran el criterio de en frente y descubres lo que realmente siempre estuvo allÃ:
ellos observan mi cuerpo suspendido gracias a ese consistente temor a la realidad. a pocas horas de otras horas tu mente se confiesa, tú: incrédulo, no te das tiempo a detenerte y tus pisadas te llevan cada vez más lejos de ese repetido lugar. entonces ni siquiera la carencia de sentido como sujeto puede tener explicación; piensas cosas, te equilibras por los aires, te sacudes y tu olor habla mejor que nadie sobre ti. un hombre tiene miles de caminos encima y de cada uno de ellos muchas cosas qué decir; sobre el vacÃo en sus colores, las palabras que ha pronunciado en su vida y luego no están, sus heridas en la piel, las sonrisas: su silencio.
y ellos observan aunque no están y tú que estás te descontrolas, actúas para ellos aunque no están y te seducen de repente las paredes y sus limitaciones previas todas a una liberación latente de miradas que van más allá de la verdad y como águilas sin borde te arrancan el alma del alma, aunque no esté allÃ. bailas con la fiebre; se desnudan. mis manos atrevidas la hacen enmudecer y de los poros nos brota fuego como pequeñas vellosidades, incendiando las palabras que llevamos marcadas en la piel.
repito las palabras porque se deforman y tratan de manera desesperada de hacerse entender, algunas mediante su significado siempre correcto y restablecedor, otras mediante la nada en su silencio.
hjuo

indisolubilidad
para que la lámpara funcione, la cera tiene que ser ligeramente más densa que el agua a temperatura ambiente, y ligeramente menos densa en condiciones más calientes. esto pasa porque la cera se expande más que el agua cuando son calentados. siendo cera fundida y agua dos lÃquidos indisolubles, ambos se mantienen separados. la lámpara de lava se hizo un Ãcono de los años 60's, donde el constante cambio y demostración intensa de color fueron comparados a las alucinaciones psicodélicas.
poema al espejo.
... yo no sé a ti, pero a mà se me hacen dos
agujeros en la razón;
desde hace tiempo yo no puedo soportar
no hablar del fuego, en fuego.
me comprometo a no entender la realidad,
me echo para un lado, yo vuelo;
me comprometo a no confiar en la verdad,
aunque sea polÃticamente incorrecto.
y yo le escribo poemas a los espacios
desocupados en mi habitación,
y es verdad que esos mismos espacios
ayer me hablaron de lo que es hoy.
de lo que soy.
yo no sé a ti, pero a mà las paredes
me invitan a caminar.
de vez en cuando yo cuando miro hacia atrás...
si me faltara la palabra humedad,
me echo para un lado, yo vuelo;
se secarÃan mis palabras al hablar,
se secarÃa todo lo que digo.
y lo que digo no es preciso, es amarillo
y está preñado cual animal: de mi voz,
y mi voz a veces pierde los estribos
y habla de mÃ,
aunque no hable yo.
habla de ti: vacÃo.
hjuo
paz

los insectos son absolutamente mentales, encorvan sus cuerpos y algunos vuelan para atacar de acuerdo a nuestros actos. temo por los agujeros en el rostro de mi cuerpo.
desde una postura cristiana serÃan demonios perturbadores, sólo perturbadores;
desde una postura perturbadora serÃan cristianos, sólo cristianos.

las derivaciones se desvÃan de mi punto de vista y mis colores se vuelven cómplices de esa insensatez; al sentarme en el piso a contemplar el cielo me pregunto: de qué extraña manera estamos hechos nada... y todo lo que eso conlleva.
recuerdo el color en sus palabras, la punta de mis 20 dedos buscando respuesta en la cultura, esa cultura que huele y anda flotando en el aire por ahÃ; mis ojos en sus ojos se perdÃan para siempre durante unos segundos y en ocasiones desaparecÃa de mà su presencia por más que estuviese allÃ... no ella, su presencia.
el calor entonces no sofocaba como ahora y a través de las ventanas abiertas de par en par se podÃa apreciar su voz, muy distante sobre el mar, con sus labios cerca de mis oÃdos, sonriendo hasta morir; algunas aves en el aire la confundÃan con un ave y a los peces en el mar parecÃa no importarle, tal vez por las caracterÃsticas en su forma de ser expulsada de una boca, su voz.
a veces pienso que todo esto lo imaginé cada vez que la veÃa, hasta mi forma de ser. sólo he olvidado las preguntas que en algún momento me pude formular a mi mismo sobre su existencia; las demás cosas como el olor de la piel aún permanecen en el olor de la piel y viceversa.
recuerdo el color en sus palabras, la punta de mis 20 dedos buscando respuesta en la cultura, esa cultura que huele y anda flotando en el aire por ahÃ; mis ojos en sus ojos se perdÃan para siempre durante unos segundos y en ocasiones desaparecÃa de mà su presencia por más que estuviese allÃ... no ella, su presencia.
el calor entonces no sofocaba como ahora y a través de las ventanas abiertas de par en par se podÃa apreciar su voz, muy distante sobre el mar, con sus labios cerca de mis oÃdos, sonriendo hasta morir; algunas aves en el aire la confundÃan con un ave y a los peces en el mar parecÃa no importarle, tal vez por las caracterÃsticas en su forma de ser expulsada de una boca, su voz.
a veces pienso que todo esto lo imaginé cada vez que la veÃa, hasta mi forma de ser. sólo he olvidado las preguntas que en algún momento me pude formular a mi mismo sobre su existencia; las demás cosas como el olor de la piel aún permanecen en el olor de la piel y viceversa.
hjuo
quién tirará del gatillo en las armas de esos pobres corpóreos, aquellos que creen intimidar al sol con sus dientes como animales, que influyen sonreÃdos en las mentes más débiles de nuestra sociedad; y ensucian sus almas, remitidas a su piel.
el resto de todo en sus cuerpos va cubierto por nada y las incongruentes palabras que a veces no utilizan para hacerse expresar vuelven a brillar por su ausencia.
el sol no se asusta ni a fuego, los desiertos son más caminables por botas y estruendosos sonidos de guerra, me hacen pensar en puertas, y entonces empiezo a salir, empezamos a salir, yo, ellos, nosotros, yo.
los hierros en el borde de mi cuerpo he soldado y a veces ni siquiera yo mismo puedo ingresar, las luces se apagan y me adormezco sin haber tenido sueño, en cualquier jodido lugar, y se descarga mi piel sobre el suelo, de piel no tan clara como la mÃa, y me cubro de pedazos minúsculos de tierra como la de la tierra, muy lentamente, sin poder siquiera explicar el placer, me hago uno con la tierra, yo, ellos, nosotros.
me siento un planeta colmado de mares, girando entusiasta de solo vivir, el sol en mi espalda se siente en la arena.
pienso que está bien y es correcto hacerme uno con él y entonces fui el sol y la tierra, yo, ellos.
desde hace unos dÃas el calor parece querer incendiar nuestros cuerpos transpirantes en medio de las calles, en una ciudad en que las personas se asemejan al calor del sol como en el desierto, pero en mi espalda. yo tirarÃa del gatillo en las armas de todos esos pobres corpóreos, aquellos que creen intimidar al sol con sus dientes como animales.
como yo.

el cielo cede forma.
la forma nunca pierde su forma pues carece de ella, más allá de que la veamos deformarse o no; danza esquelética en el vacÃo ardiente, junto a las cosas que no están, no son, no existen. nuestras bocas y sus palabras son formas que pueden en algún momento deformarse, mas carecen de forma alguna cual se pueda deformar.
la forma de mi forma se deforma, contrarresta entre mis manos el vacÃo que habita en cada forma extraña de mi forma; aunque no se pueda deformar. y los dedos se deforman e intentan, mediante el tacto, mi rostro deformar, y mi rostro se deforma, y la luna se deforma, de forma muy particular, de formas inexactas como números sin forma o formas de miradas hacia ningún lugar.
mis gestos se deforman; yo me deformo hasta que no me puedan reconocer, aunque nada signifique reconocer una forma sin forma, pues no se puede deformar.
los ojos se deforman, el agua se deforma, el viento y tu sentir; las mentes de tus padres, dios.
aunque no se puedan deformar.
hjuo.

al viento vamos como queriendo no ir, y nuestros cuerpos observamos alejarse de nosotros para sentarse en algún lugar vacÃo a, simplemente, ver el sol de calcinante luz.
mi piel da al cielo cuando vacÃo mi ser, cuando respondo expedito las preguntas que se hacen en la lÃnea de tus ojos que limita con el mar o contra el. reviso el cuerpo ausente justo a un costado de mi cuerpo y vuelvo a mirar hacia otro lado queriendo estrellar mis ojos, y su mirada, contra la pared.

un animal en mis sueños busca escapar de todos los lugares en que su cuerpo no está, su furia incandescente metralla mis ojos al ritmo despiadado del sol bajo el sol, los colores dejan de ser y todo huele a áfrica en un valle de algún paÃs centroamericano.
majestuosos grises parecen danzar ante tu cuerpo hirviendo mientras restriegas tus ojos para evitarte en deseos la realidad; inventas momentos, te inventas hasta perder la razón y los músculos de tu cuerpo muy poco pueden hacer contra esa rigidez dentro de tus movimientos.
las viejas canciones parecen hablar, se remenean sin ropas en lo más profundo de tu imaginación, me hace permanecer en silencio, porque soy: poder no pronunciar una palabra mientras hablo muy adentro de mis labios entreabiertos que en su afán de siempre estar callados sucumben al color de una sonrisa, y no hacen más que sonreÃr.
algunas aves del amanecer se apresuran a aparecer sonoras fuera de las ventanas incrustadas en mi piel, yo a pesar de mis silencios dejo claro que el cielo desde mis venas y a través de los minúsculos orificios desplegados a lo largo de mi piel, se me va, buscando altura y se pierde para siempre en la infinita inmensidad. mis ojos se acostumbran.
y vuelvo al agua, me descargo en ella ahora sin cielo en mi cuerpo, sà con ventanas en mis espaldas, pero no precisamente en mÃ, actúo como desarmando mi nombre en pedazos que se desvanecen y caen al suelo, actúo con los ojos cerrados para saciar mi necedad; las viejas canciones se sientan a mi lado y encienden un cigarro en mi nombre, me miran como a un ser extraño que perdió para siempre su capacidad de coordinar los movimientos, que oscilan espontáneos de un lado a otro de mi cuerpo, mientras yo contemplo en silencio desde mÃ.
hjuo.

veloces palabras de bordes agudos ejecutan sus cuerpos sobre mi pecho haciéndose más difÃciles de pronunciar; los huesos incrustados entre mi piel, unidos casi por la nada, parecen no comprender mi carne y no intentan describir, desde hace algunos dÃas, mis pasos.
enormes lÃmites de agua salada, mis pies desnudos bajo mi cuerpo, aquella sensación húmeda corriendo arriba de las calles al llover y un dios al que castiga dios desde lo lejos. todo en casa se desliza algunos grados a la derecha sin brusquedad, y yo: sentado con calma sobre una silla que se mueve muy lento de un lado a otro, permanezco sorprendido y sonriendo, tratando de arrancarme las palabras precipitadas sobre mi pecho para hacérmelas capaces de decir.
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